XXV Domingo Tiempo Ordinario – Ciclo A- Mons. Cristóbal

 

 

Bienvenidos a esta reflexión desde la Palabra de Dios en el XXV Domingo del Tiempo Ordinario.

 

“BUSQUEN AL SEÑOR MIENTRAS LO PUEDEN ENCONTRAR” Ese es el grito en la 1ª Lectura del Profeta Isaías, quien tuvo la misión de alentar al pueblo en un momento en que Dios estaba a punto de hacer cosas nuevas que sacar a su pueblo del exilio. Hoy estamos como aquel pueblo exiliados de nuestra tierra de paz y de armonía. Hoy como entonces hay gente que no está dispuesta a hacer que el Señor sea el único centro de su vida; gente que se siente ficticiamente cómoda con esta situación de violencia, de crimen, de robo, de secuestro, de corrupción, situaciones todas ellas inhumanas, por eso, qué gran bien haremos al hacer que resuene la voz del profeta: “…que el malvado abandone su camino, y el criminal sus planes; que regrese al Señor y tendrá piedad; a nuestro Dios que es rico en perdón”.

 

En el Evangelio vemos al Señor que no sólo se deja encontrar, sino que sale al encuentro, y no precisamente para dejarnos como estábamos, escuchemos: “Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que al amanecer, SALIÓ a contratar trabajadores para su viña… salió otra vez a media mañana… salió de nuevo a medio día y a media tarde e hizo lo mismo… por último salió al caer la tarde y encontró todavía a otros que estaban en la plaza y les dijo: ¿Por qué han estado aquí todo el día sin trabajar? Ellos le dijeron “Porque nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Vayan también ustedes a mi viña”.

 

Esta respuesta apesadumbrada “¡Nadie nos ha contratado!” podría ser dada hoy por millones de desempleados. Esto es no sólo un problema económico sino humano; la persona desocupada se siente inútil, como si la sociedad la hubiese olvidado y ella estuviese de más en el mundo. Un trabajo seguro ha llegado a ser hoy uno de los bienes más preciosos del mundo.

 

Dios llama a todos y a todas horas a trabajar en su viña. El papa San Juan Pablo II en CHRISTIFIDELES LAICI 1 y 2 dijo: “El llamamiento del Señor Jesús “Id también vosotros a mi viña” no deja de resonar desde aquel lejano día”… La llamada no se dirige sólo a los pastores, a los sacerdotes, a los religiosos y religiosas, sino que se extiende a todos: También los fieles laicos son llamados personalmente por el Señor”. Insertados en el mundo están llamados a ordenar todas las cosas según Dios.

 

Lo que dice Dios a través del profeta: “Mis pensamientos no son los de ustedes, sus caminos no son mis caminos”. Lo encontramos vivenciado en el Evangelio, ante el reclamo de los trabajadores de la parábola que trabajaron todo el día y recibieron lo mismo que los que trabajaron menos horas. Jesús concluye: “De igual manera, los últimos serán los primeros y los primeros, los últimos”. Los que han llegado primero han de entender que se trabaja en la Viña no para conseguir méritos, o reconocimientos de antigüedad, ya que eso provocaría el sentirse más que los otros y con derecho a despreciarlos. Así como la llamada a trabajar en la Viña es gracia, así el premio es don. Nuestra respuesta, el compromiso personal, siguen siendo necesarios; pero la recompensa depende de la generosidad de Dios, no del cálculo meticuloso de nuestras aportaciones. Si la alegría de Dios es poder dar sin medida, ojalá y que nuestra recompensa consista en “podernos dar” sin reservas y sin pretensiones, sino con alegría.

 

Como San Pablo en la 2ª Lectura, ante la alternativa de vivir o morir, no calcula los méritos adquiridos (¡y vaya que eran muchos!), su única preocupación es la de acumular “SERVICIO”, o sea, ganancia para los otros hermanos. Preguntémonos: ¿Qué nos motiva al trabajar en la Viña del Señor?.

 

Les bendigo a todos, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.   Feliz domingo para todos.