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Sep 7
Antes de Acusar hay que Probar. PDF Imprimir E-mail
Escrito por Pbro. Andrés Larios Chávez   
Miércoles, 13 de Enero de 2010 20:31

Se ha hecho costumbre, en la actualidad, de acusar sin probar; si se hace por ligereza o por maldad, o por ambas cosas, lo malo es que se daña a veces irremediablemente al acusado o calumniado. Acusar públicamente a alguien es ponerlo en desventaja. Es sabido que un confesor dejó de penitencia a una de sus feligresas desplumar una gallina e ir tirando las plumas por el pueblo, cuando terminó ella de esparcir las plumas, le dijo el confesor: “Cuando recojas todas las plumas te doy la absolución”.
Lo cual es un imposible. Quien difama por difamar o critica por criticar, no sabe el mal que produce y que se infiere a sí mismo.
Toda persona por más mala que sea tiene derecho a conservar su buena fama. Es un derecho por ser persona y nadie le puede quitar este derecho. Ya se sabe que es bueno informar a la sociedad por los medios de comunicación masivos de la peligrosidad de éste o aquél sujeto; y de su comportamiento, siempre que sea una amenaza para la sociedad.


Cuando se acusa públicamente a alguien y no se tienen las pruebas objetivas y ciertas, se calumnia. Y todos sabemos que la calumnia es, un delito y una falta a la moral. El calumniador es siempre un inmoral, pero sólo a las veces un delincuente. Quizá el mayor mal que se hace con la calumnia es cuando el acusador lo hace de buena fe y con cierta inconsciencia de la gravedad de lo que hace.
San Pablo nos dice: “¿Por qué acuden a tribunales de los paganos, teniendo su propio tribunal de creyentes?”. Jesucristo nos aconseja:
“Si tu hermano se porta mal, ve y repréndelo a solas; si no te hace caso, toma a dos o más testigos y repréndelo delante de ellos para que conste tu reprensión; pero si ni así te hace caso denúncialo a la comunidad; y si ni a la comunidad le hace caso, apártate de él como si fuera un pagano”. Muchas veces el que acusa de algo a otros, tiene mucha cola que le pisen. Quizá sería bueno que recordara aquello del Evangelio de San Juan: “El que esté libre de culpa, que arroje la primera piedra” (que comience a denunciar).