Domingo de La Santísima Trinidad – Mons. Cristóbal

Domingo de La Santísima Trinidad

Ciclo A  – 11 de Junio de 2017

 

Mons. Cristóbal, Obispo de Apatzingán

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo, el amor del Padre y la comunión en el Espíritu Santo esté con todos ustedes”

Con esta bendición, en la segunda lectura, Pablo al final de su segunda carta a los Corintios, más que ofrecernos enseñanzas sobre la Trinidad, nos muestra sobre los dones de las personas de la misma: “gracia”, “amor” y la experiencia comunitaria.

Hoy no celebramos un acontecimiento de la historia de la salvación, como en las otras grandes solemnidades del año litúrgico. Celebramos el misterio cristiano por excelencia, el misterio que Jesús nos ha revelado: Dios es uno en tres personas distintas. El pueblo hebreo adoraba un solo Dios, Yahvé; es decir, conocía la unidad absoluta, no la distinción. Nosotros, los cristianos, conocemos la unidad de Dios en la distinción: un sólo Dios en tres personas distintas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Creemos que Dios es Trino porque creemos que Dios es amor. Así nos lo dice la Biblia. Es Claro que si Dios es amor debe amar a alguien. No hay un amor sobre el vacío o no dirigido a alguien. Preguntémonos: ¿A quien ama Dios para ser definido como “Amor”? Desde luego, ama a los hombres. Pero los hombres existen desde hace unos millones de años. Y antes ¿A quién amaba? Amaba al cosmos, al universo. Pero el universo existe desde hace algunos miles de millones de años. Y antes ¿A quién amaba? Dios es amor en sí mismo antes del tiempo, porque desde siempre tiene en sí mismo a un hijo, el Verbo, al que ama con un amor infinito y esto es el Espíritu Santo. Donde exista el amor, habrá siempre tres realidades o sujetos: Uno que ama, uno que es amado y el amor que les une. Nuestro Dios es Uno y Trino porque es comunión de amor. En el amor, la unidad y la pluralidad se concilian entre sí; el amor crea la unidad en la diversidad: unidad de intenciones, de pensamientos, de quereres y diversidad de sujetos, de características.

Las lecturas bíblicas de hoy nos ayudan a comprender la vitalidad de este misterio Trinitario: en la primera Dios se revela a Moisés como “el Señor Dios, compasivo y clemente, paciente, misericordioso y fiel”. El amor, la cercanía de Dios para su pueblo llega a su expresión máxima cuando envió a su Hijo al mundo, escuchamos al mismo Jesús decir en el Evangelio: “Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único, para que todo el que crea en Él no perezca, sino que tenga vida eterna. Porque Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salvará por Él”.

La Trinidad se convierte en espacio vital en el que vivimos y actuamos los cristianos. Buscamos reflejar este misterio y tratamos de estructurar toda nuestra existencia en forma Trinitaria si, reconociendo nuestras diferencias personales, logramos estar unificados por el amor; por un amor que sea participación de aquel amor con el que las personas divinas se aman eternamente.

Hermanos, profesemos nuestra fe en la Santísima Trinidad y adorémosle con nuestra vida.

Les bendigo a todos…