V Domingo de Pascua – Ciclo A – Mons. Cristóbal

V Domingo de Pascua – Ciclo A

14 de Mayo de 2017

Mons. Cristóbal, Obispo de Apatzingán.

El salmo responsorial nos asegura: “El Señor cuida de aquellos que lo temen. Aleluya”. (Sal 32)

¡El Señor cuida realmente de los suyos!

Apenas pasado el lavatorio de los pies, Jesús les había anunciado a sus discípulos dos traiciones (la de Judas y la de Pedro) y su despedida. Estas noticias le dan al Evangelio de hoy (Jn 14,1-12) un ambiente de tristeza e incertidumbre: Si uno lo iba a negar y otro a traicionar, ¿qué se esperaba de los otros?, los discípulos, desanimados y con peligro de incredulidad por la traición de dos de ellos. La incoherencia de los miembros de la comunidad afectaba profundamente la fe de sus compañeros; la traición hace tambalear la fe de los demás. Con razón Jesús comienza diciéndoles: “No pierdan la Paz”, les pide que “no se turbe su corazón”, lo cual es más que un desánimo, es una tristeza que invade a toda la persona. Da la impresión que los discípulos creen en Dios pero les falta creer más en Jesucristo, y Él le insiste: “Si creen en Dios, crean también en mí”, y tanta es la incredulidad que más adelante les tiene que decir “Créame: Yo estoy en el Padre y el Padre está en mí. Si no me dan fe a mí, créanlo por las obras”.

En este contexto de incredulidad se ubican las intervenciones de Tomás y de Felipe… Ante la tristeza de ellos por su partida, Jesús les dice para su consolación: “En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones… voy a prepararles un lugar, volveré y los llevaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes. Y ya saben el camino para llegar al lugar a donde voy”. Tomás piensa que tiene necesidad de indicaciones geográficas precisas: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿Cómo podemos saber el camino?” Esa pregunta permite a Jesús esclarecer no tanto la meta de su viaje, que es el Padre, sino más bien el camino para llegar; Jesús le respondió: “Yo soy el camino, la verdad y la vida. Nadie va al Padre si no es por mí”. El único camino para llegar a la vida de verdad es Jesús. La Iglesia desde la primera comunidad cristiana, como lo escuchamos en la primera lectura (Hech 6,1-7), entendió que Jesús, “el camino”, gastó su vida en el servicio a la Palabra, en la oración y en la caridad para con los más necesitados. Por eso los apóstoles instituyeron diáconos para “El servicio de la caridad de todos los días”. De ese modo, dijeron: “Nosotros nos dedicaremos a la oración y al servicio de la Palabra”. Con base en esto, veo que el Señor cuida de nosotros, quiere que no nos perdamos, que el caminar con Él sea un hecho fundamental de nuestra existencia humana. Para eso, para avanzar con Él, nuestro camino, se nos propone:

  1. La escucha, la vivencia y el anuncio de la Palabra de Dios, para no perdernos en la veneración de los ídolos que nos pretenden imponer las ideologías actuales.
  2. La práctica de la oración, para no extraviarnos ante el ruido y confusión de este mundo.
  3. La vivencia de la atención y solidaridad con los más necesitados: los pobres, los enfermos, los migrantes… para no asfixiarnos en el egoísmo y la ambición…

Hermano, hermana: ¿Vas por el sendero que te lleva a donde nos dijo Jesús: “Para que donde yo esté, estén también ustedes”?

Les bendigo a todos…