IV Domingo de Pascua – Ciclo A- Mons. Cristóbal

 

IV Domingo de Pascua – Ciclo A

07 de Mayo de 2017

Mons. Cristóbal, Obispo de Apatzingán.

“El Señor es mi Pastor nada me faltará. Aleluya” decimos con el salmista (Sal 22). Hoy es el Domingo del Buen Pastor. Jesús es el Pastor que guía a las ovejas, así nos lo hace contemplar primero el Salmo: “Me guía por el sendero recto… Hacia fuentes tranquilas me conduce para reparar mis fuerzas”  y después el Evangelio (Jn 10,1-10): “Llama a cada oveja por su nombre y las conduce afuera, camina delante de ellas y ellas lo siguen porque conocen su voz”. La segunda lectura, la Carta de Pedro (1Pe 2,20-25), después de explicar cómo Cristo, el Pastor, es el Siervo de Dios anunciado por Isaías, afirma de manera universal: “Porque ustedes eran como ovejas descarriadas, pero ahora han vuelto al pastor y guardián de sus vidas”.

La figura del buen pastor y de las ovejas a todos nos ilumina porque a todos, sin distinción, nos corresponde en algunos momentos de nuestra vida ser pastores u ovejas. Cuando nos corresponde guiar: padres de familia, esposo, esposa, autoridades, obispos, presbíteros, laicos, maestros, religiosos…  no hemos de olvidar las características del buen pastor; cuando tengamos que ser ovejas hemos de tener la suficiente capacidad para distinguir entre: “El pastor que es el que entra por la puerta y el ladrón o bandido que entra por otro lado”, es decir, de quien sólo quiere vivir a costa de las ovejas. La responsabilidad del pastor es conocer, defender, acompañar y guiar correctamente a las ovejas; la de las ovejas es distinguir si el pastor es verdadero o no, y seguir al pastor.

Jesús es el Buen Pastor y quienes querramos o pretendamos apacentar a sus ovejas tendremos que parecernos a Él. El Buen Pastor conoce a sus ovejas, les procura lo que necesitan para la vida, en ningún momento las abandona; el Buen Pastor no piensa en lo que pueda sacar de provecho de las ovejas sino en el bien de ellas.

En las primeras comunidades de cristianos existía el peligro de que los dirigentes olvidaran que tenían que parecerse a Jesucristo el Buen Pastor; con mucha seguridad por eso se conservó este texto. Era necesario tener presente que los dirigentes no tenían que comportarse como ladrones y salteadores de rebaños. El Evangelio introduce dos causas: no son asalariados y tampoco son dueños de las ovejas. Y es que cuando un dirigente de la comunidad trabaja por un sueldo defenderá sus intereses no los de las ovejas, trabajará en lo que le deje dinero no en lo que lo convierte en servidor, servirá a los que más reditúen no a quienes más lo necesiten… Cuando un pastor se siente dueño de las ovejas en lugar de ser responsable lo más seguro es que se aproveche de ellas. En cambio el Buen Pastor nos dice: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”.

Preguntémonos: ¿Qué actitudes del Buen Pastor urge que practiquemos para dar vida en su nombre? y los invito a que oremos al Señor con toda la Iglesia: “Danos pastores según tu corazón”.

Les bendigo a todos…