III Domingo de Pascua – Ciclo A – Mons. Cristóbal

III Domingo de Pascua

Ciclo A   –   30 de Abril de 2017

Mons. Cristóbal, Obispo de Apatzingán

Pidamos al Señor con el salmo responsorial: “Enséñame Señor el camino de la vida. Aleluya”. (Salmo 15)

El camino de la vida ciertamente no está en el “poner la mano en el arado y voltear hacia atrás”, sino en ver siempre hacia adelante.

En el Evangelio (Lc 24,13-35) encontramos a dos discípulos que abandonan Jerusalén y vuelven a Emaús. Abandonan la comunidad de Jerusalén y regresan a sus antiguas ocupaciones. Los dos habían apostado todo a causa de Jesús de Nazaret; su futuro lo habían puesto en ese joven mesías, libertador de Israel. Pero de golpe, estos anhelos y esperanzas habían sido frustrados; todos sus sueños se hicieron añicos chocando contra la roca de la cruz alzada sobre el Monte Calvario, el Viernes Santo.

En camino hacia Emaús, camino no de vida sino de tristeza y de  desencanto, “Jesús se les acercó y comenzó a caminar con ellos… Les preguntó ¿De qué cosa vienen hablando tan llenos de tristeza? -Cleofás que fue el portavoz de la común amargura le respondió-: “¿Eres tú el único forastero que no sabe lo que ha sucedido estos días en Jerusalén? Él les preguntó: ¿Qué cosa? Ellos le respondieron: Lo de Jesús el Nazareno…” Están informados, saben todo, hasta las últimas noticias. Cristo se presenta desinformado, no está al corriente de lo que ha sucedido y tiene necesidad de ser informado sobre los hechos. Pero es Él quien debe explicar el sentido de lo que ha pasado: “Entonces Jesús les dijo: ‘¡Qué insensatos son ustedes y qué duros de corazón para creer todo lo anunciado por los profetas! Acaso no era necesario que el Mesías padeciera?…’ Y comenzando por Moisés les explicó todos los pasajes de la Escritura que se referían a Él”

“Ya cerca del pueblo a donde se dirigían, Él hizo como que iba más lejos pero ellos le insistieron, diciendo: ‘Quédate con nosotros porque pronto va a oscurecer”  y es en la fracción del pan donde le reconocen y exclaman: “Con razón nuestro corazón ardía mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras”

Hermanos: el camino de la vida está en hacerlo con Jesús porque así nos moveremos de la ceguera a la visión, de la incredulidad a la profesión, del aislamiento a la comunión, de la tristeza al júbilo.

Permitan de compartir este hecho: Hace unos días fui al hospital a visitar a un enfermo grave que tenía cáncer. Quedé impresionado por su alegría y su buen ánimo; con su esposa, que estaba al pie de su cabecera, empezó  a hablar -¡y cómo sonreía!- sobre la celebración de sus bodas de plata matrimoniales para el próximo mes de diciembre: “Y vamos a hacer una comidita” -dijo siempre sonriendo-.  Eso es caminar con el Señor. Quien aún en medio de la enfermedad nos hace experimentar el júbilo.

Aquellos dos discípulos pensaron que el camino de la vida estaba en el retorno a Jerusalén; evangelizados por el Resucitado “se levantaron inmediatamente y regresaron a Jerusalén donde encontraron reunidos a los once con sus compañeros… Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan”.

No cabe duda: Quien es evangelizado se vuelve evangelizador.

Hermano, hermana: ¿Por dónde caminas? ¿Qué senderos recorres? Sigamos diciendo al Señor: “Enséñanos, Señor, el camino de la vida”.

Les bendigo a todos…