Domingo de Ramos – Mons. Cristóbal, Obispo de Apatzingán

Domingo de Ramos

Ciclo A – 09 de Abril de 2017

Mons. Cristóbal, Obispo de Apatzingán

Iniciamos la Semana Santa, “Semana Mayor”. “Esta semana es grande, -decía San Juan Crisóstomo- porque en ella se realizaron en nuestro favor bienes grandes e indecibles. El Dios de la paz devolvió la paz a todo, en el cielo y en la tierra”.

Celebremos esta semana como nos lo sugiere la 1ª. Lectura (Isaías 50-4-7), con una actitud de discípulos: “Mañana tras mañana, el Señor despierta mi oído, para que escuche yo como discípulo. El Señor Dios me ha hecho oír sus palabras y no he opuesto resistencia ni me he echado para atrás”. Escuchemos al Maestro Jesús con el fin de seguirlo de cerca, buscando asemejarnos a Él en las actitudes que configuran su persona y que afloran de manera especial en las últimas horas de su vida, actitudes como: la entrega total; el renunciar a cualquier clase de violencia, ni siquiera recurre a ella para defenderse, es el siervo que “no apartó su rostro de los insultos y salivazos”; el amor incondicional a los suyos, a pesar de las debilidades y negaciones; la confianza total en el Padre, incluso en su “silencio”.

Hoy en el Evangelio (Mt 26,14-27,66) escuchamos, contemplamos y meditamos las escenas de la Pasión que se siguen de una manera dramática y en todas está el mensaje y la semilla de salvación. El Salmo 87,5 hablando de Jerusalén (de Sión), dice: “Todos han nacido en ella”, con mayor razón podemos decir de la Pasión de Cristo: “Todos hemos nacido de allí”.

En la Pasión según San Mateo aparece como dominante la libertad soberana con que Cristo afronta la muerte. No lo arrastran los acontecimientos; Él es quien los domina. Si quisiera podría evitar lo que se le viene encima; así lo muestra cuando dice a Pedro: “Vuelve la espada su lugar, pues quien usa la espada, a espada morirá. ¿No crees que si yo lo pidiera a mi Padre, Él pondría ahora mismo a mi disposición más de 12 legiones de ángeles?” Lo que es determinante para Jesús es la voluntad del Padre, expresada en el mensaje de las Escrituras. A Él lo mueven: su amor y obediencia al Padre y su amor por nosotros sus hermanos; por eso cuando colgado en la cruz le insultaban gritándole: “¡Sálvate a ti mismo; si eres Hijo de Dios, baja de la Cruz!” El amor le mantiene en la cruz; más que los clavos “le sostiene el amor”. Si acepta el martirio es por fidelidad a ese proyecto de Dios que no quiere ver sufrir a sus hijos. Aprendió a vivir en un clima de inseguridad, conflictos y acusaciones y morirá fiel a su Padre Dios en quien ha confiado siempre.

En el amor del crucificado está Dios mismo, identificado con todos los que sufren y perdonando a los verdugos de todos los tiempos. En Él confiamos los cristianos. Nada lo detendrá de su empeño de salvar a sus hijos.

Preguntémonos hermanos: ¿Cómo viviremos estos misterios del amor de Dios, que celebraremos en esta Semana Mayor?

Les bendigo a todos…

Vivamos muy unidos con Cristo esta Semana Mayor