I Domingo de Cuaresma – Mons. Cristóbal

I Domingo de Cuaresma

05 de marzo 2017 – Ciclo A

 

Mons. Cristóbal, Obispo de Apatzingán.

Somos creación de Dios y la vida es un don suyo. Nuestra fe cristiana nos dice que la última razón de todo lo que existe es Dios. La primera lectura (Génesis 2,7-9; 3,1-7) nos revela a nuestro Dios que actúa “Tomó polvo del suelo y con él formó al hombre, le sopló y el hombre comenzó a vivir. Después plantó el Señor un jardín… hizo brotar del suelo toda clase de árboles…” La serpiente, en cambio, no tiene ningún poder de actuar, de transformar la realidad. Sólo puede hablar y, con astucia, manipular la verdad. Su propósito es situar a la humanidad fuera del habla fiel de Dios y de la práctica de la confianza. Para eso busca hacer que las palabras de Dios sean dudosas: “¿Es cierto que Dios les ha prohibido comer de todos los árboles del jardín?” – pregunta – La serpiente es hábil en el engaño e inventa opciones, –“ideologías”-, para la humanidad, fuera de las opciones que Dios ha ofrecido y autorizado. Y cuando el hombre y la mujer escuchan una voz que no es la de Dios y le hacen caso “descubren su desnudez”, es decir, la inocencia se ha roto y ha dado paso al miedo y a la vergüenza, se experimenta la propia debilidad y la vulnerabilidad.

Veamos en el Evangelio (Mateo 4,1-11) por qué o cómo Jesús libera a la humanidad de las potencias demoníacas, de la angustia y el miedo: “Jesús fue conducido por el espíritu al desierto, para ser tentado por el demonio”; es el espíritu que había descendido sobre Jesús en su bautismo quien lo conduce al desierto con una finalidad: “para ser tentado”, esto significa que la tentación que se describe aquí entra en el plan de Dios y es benéfica tanto para Cristo como para nosotros. Y al vencer la primera prueba en el desierto: “Manda que esas piedras se conviertan en panes”, siempre con la adhesión y fidelidad inquebrantable a la Palabra de Dios: “Está escrito: no sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”, Jesús es llevado a donde el tentador pensaba que sería más fácil vencerle, es llevado “a la parte más alta del templo y a un monte muy elevado”; son plataformas donde fue tentado con la propuesta de un mesianismo fácil, de éxito inmediato, de poder y de prestigio, un mesianismo que todos podían aplaudir. Pero la actitud de Cristo contrasta con la actitud de Eva que había sucumbido a los engaños del demonio; y Jesús, luchando, aún en palestra escogida por Satanás, se muestra como el camino de Dios para la humanidad: vencedor del pecado, venciendo al tentador.

El demonio, el satanismo y otros fenómenos interrelacionados inquietan no a pocos.  En nuestro mundo tecnológico e industrializado abundan los magos, hechiceros, ocultismo, espiritismo, vendedores de hechizos, de amuletos e incluso sectas satánicas. Arrojado fuera por la fe en Cristo, el diablo trata de entrar, si es que no está, por la superstición.

¿Qué nos dice la fe cristiana? ¡Que Cristo ha vencido al demonio! Cristo y el demonio no son para nosotros los cristianos dos principios iguales y contrarios como en ciertas religiones dualistas. Jesús es el único Señor; Satanás no es más que una criatura «que ha ido mal». Con Cristo no tenemos nada que temer. Nada ni nadie puede hacernos mal, si nosotros no lo queremos. Satanás, decía un antiguo Padre de la Iglesia, después de la venida de Cristo, es como un perro atado en la era: puede ladrar y abalanzarse contra uno cuantas veces quiera, pero si no somos nosotros los que nos acercamos no puede morder.

Repito: No debemos tener miedo. ¡Jesús, en el desierto y en la Cruz, se ha liberado de Satanás para liberarnos a nosotros! Esa es la alegre noticia con que iniciamos nuestro camino cuaresmal hacia la Pascua. Con Cristo digamos a nuestro Padre del cielo: “No nos dejes caer en la tentación y líbranos del mal”.

Les bendigo a todos…