Epifanía del Señor – Ciclo A – Mons. Cristóbal

Epifanía del Señor

8 de enero de 2017 – Ciclo A

Mons. Cristóbal Ascencio García, Obispo de Apatzingán

Israel, a lo largo de su historia, ha pasado por profundos periodos de oscuridad, ejemplo la oscuridad del exilio en Babilonia. En el mundo, en México, hemos y estamos pasando momentos difíciles, oscuros en nuestro caminar. Pero la voz esperanzadora del Profeta-poeta Isaías anuncia la llegada de la época de la luz: “Mira: las tinieblas cubren la tierra y espesa niebla envuelve a los pueblos; pero sobre ti resplandece el Señor y en ti se manifiesta su gloria”. Israel recibe un imperativo: ¡Levántate!, que es invitación y no una nueva carga, sino que es una buena noticia, porque se le invita a volver a la tierra donde hay paz, justicia, solidaridad y no la corrupción y la miseria en que vive.

Hace pocos días celebramos la Navidad del Señor: “La luz brilló en las tinieblas”. Ante la luz del recién nacido, el Evangelio de hoy nos presenta tres reacciones distintas: la de los magos, la de Herodes y la de los sacerdotes.

Empecemos con la reacción de Herodes, que apenas recibida la noticia de que unos magos buscan al rey de los judíos, recién nacido, “se turba” y convoca a sesión a los sumos sacerdotes y a los escribas pero no para conocer la verdad, sino para urdir un engaño. Representa Herodes a la persona que ya ha hecho su elección. Entre la voluntad de Dios y la suya, él claramente ha elegido la suya. Para él no hay epifanía.

Los sacerdotes y los escribas consultados por Herodes sobre dónde nacería el rey de los judíos no dudan en responder: “En Belén de Judá”. Saben dónde ha nacido el Mesías pero no se mueven, no van a toda prisa como se esperaría de personas que no esperaban otra cosa que la venida del Mesías, sino que permanecen cómodamente en sus casas. Ellos saben que Jesús se encontraba en Belén “la más pequeña de las ciudades”. Nosotros sabemos que Jesús se encuentra en los pobres, los humildes, los que sufren.

Finalmente: los magos aleccionan no con las palabras sino con lo que hacen: se han puesto en camino, han dejado la seguridad que proviene de moverse en el propio ambiente, entre gente conocida y que los veneraban. Dicen con sencillez: “Hemos visto surgir su estrella y venimos a adorarlo”. Han actuado en consecuencia y sin tardanza. Si se hubieran puesto a calcular uno a uno los peligros y las incógnitas del viaje habrían olvidado la determinación inicial. Han actuado de inmediato y aquí está el secreto cuando se recibe una inspiración de Dios. Ellos son los primeros “hijos de Abraham según la fe”, porque él se puso en camino sin saber a dónde iba, apoyado sólo en la Palabra de Dios que lo invitaba a salir de su tierra.

Van a Belén para adorarlo. “Entraron en la casa, vieron al niño con su madre, María, y cayendo de rodillas lo adoraron”. Sólo a Dios se adora, se reconoce su soberanía. Concluye el Evangelio: “Los magos regresaron a su casa por otro camino”. Una vez encontrado a Cristo, ya no se puede volver atrás por el mismo camino. Cambiando la vida, cambia la vía.

Hermanos, para favorecer un cambio que mejore nuestro mundo, nuestro México, ojalá y que: autoridades, sacerdotes, obispos y todos nos dejemos sorprender e iluminar por la luz que irradia Jesucristo y podamos constatar que: “El pueblo que caminaba en tinieblas vio una gran luz”.

Les bendigo a todos…