NATIVIDAD DEL SEÑOR Ciclo A

NATIVIDAD DEL SEÑOR

25 de Diciembre de 2016

Mons. Cristóbal, Obispo de Apatzingán

“!Qué hermoso es ver correr sobre los montes al mensajero que anuncia la paz, al mensajero que trae la buena nueva, que pregona la salvación, que dice a Sión: Tu Dios es rey”! (Primera Lectura: Isaías 52,7-10

Esta voz del poeta-profeta Isaías, es la voz del centinela que desde los muros de una Jerusalén destruida vigila y grita con mucha alegría lo que ve. Y en esta ocasión contempla algo maravilloso: un mensajero que cruza corriendo el desierto y, por la manera como lo hace, entiende que es portador del Evangelio, de la “buena noticia que pregona la salvación”. Porque el exilio al que el imperio babilonio había sometido a los judíos ha terminado. Llega para ellos el gozoso anuncio: “El Señor rescata a su pueblo, consuela a Jerusalén”. Ve al mensajero que anuncia la paz, la felicidad, la salvación. Al origen de esta paz está el Señor que regresa a Jerusalén a levantarla de las ruinas.

En el prólogo del Evangelio de San Juan (1, 1-18) se afirma que Dios puso su morada entre nosotros: “Se hizo hombre y habitó entre nosotros”. La mayor bendición que experimentó el pueblo de Israel en la antigüedad fue que Dios pusiera su tienda, su morada, entre ellos. Ser abandonado por el Señor era la mayor desgracia del pueblo. Desde este punto de vista la Encarnación, el Nacimiento del Hijo de Dios significa la eterna compañía de Dios en nuestro caminar. El Señor ha puesto su tienda en nuestro campamento y esto para siempre. Esta es la buena noticia que no sólo los obispos, los sacerdotes, los religiosos, las religiosas sino todos los bautizados hemos de apresurarnos a compartir a los demás. Jesús ha nacido en Belén, es el Emmanuel anunciado, el Dios siempre con nosotros para levantarnos desde nuestras ruinas, para levantar a las familias destrozadas; para hacer posible esa paz duradera que viene no desde las armas sino desde un pesebre y desde una cruz.

La Navidad para nosotros debería de ser un misterio que celebremos todo el año. Y que nuestra vida sea nuestro belén, el pesebre que construimos y adornamos para que Dios esté con nosotros en esta tierra.

¡Les bendigo y les deseo a todos una muy feliz Navidad!