IV Domingo del Tiempo de Adviento. Mons. Cristóbal

 

IV Domingo de Adviento

Ciclo A – 18 de Diciembre de 2016

+Cristóbal Ascencio García, Obispo de Apatzingán

Este domingo nos sitúa ya a las puertas de la Navidad.

Gracias a la fe que se hace obediencia se cumple la profecía de Isaías: “Dios con nosotros”. Esto lo encontramos ilustrado por María de Nazaret, por José su esposo y por el apóstol Pablo.  También lo encontramos, pero en negativo, en la primera lectura (Is 7,10-14) en la persona del rey de Judá, Ajaz, en quién se percibe una fe más bien vacilante. Viendo el temor del rey y del pueblo ante el ataque previsto de los reyes vecinos del norte (Siria e Israel) el Señor, a través del profeta, le había recomendado a Ajaz que estuviera tranquilo, que no temiera, que no se dejará abatir. Fueron exhortaciones inútiles. Isaías está convencido de que sólo la fe en el Señor puede salvar, incluso en una grave crisis política. Aquí el profeta desafía al rey diciéndole: “Pide al Señor, tu Dios, una señal de abajo en lo profundo o de arriba en lo alto”. Sin embargo el rey aparentando ser piadoso y cumplidor de la ley bíblica: “No tentarás a Yahveh, tu Dios” (Dt 6,16). Su fe es aparente. Es un calculador que no acepta el riesgo de la fe. Ajaz prefiere jugar a base de alianzas, de diplomacia, de protección de los poderosos en turno. Intenta salvarse con amañas e intrigas y hasta con acciones infames, como el sacrificarle el propio primogénito al dios Moloc para propiciarse el éxito en una empresa militar. El profeta a pesar del rechazo del rey anuncia una señal: “He aquí que una virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrán el nombre de Emmanuel, que quiere decir “Dios con nosotros”.

¡El proyecto de Dios se realiza! En el Evangelio en lugar del titubeante y contradictorio Ajaz, encontramos a dos humildes personajes, cuya fe se convierte en obediencia total. Ajaz no quería renunciar a las propias intrigas, María renuncia a pensar en términos de posibilidades humanas y se confía completamente a la obra de Dios: “Ella por obra del Espíritu Santo estaba esperando un hijo”. José renuncia a razones en términos de tradiciones y derechos sancionados por la ley: “José, su esposo, que era hombre justo, no queriendo ponerla en evidencia, pensó dejarla en secreto”. Ante una situación tan complicada como esa, Dios interviene y transforma la noche de angustia en José: “José, hijo de David, no temas en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo”. José y María renuncian a su propio futuro y se abren generosamente al proyecto de Dios. El apóstol Pablo se presenta como tal no por elección personal sino a través de la obediencia a una llamada imperiosa: “Elegido por Dios para proclamar el Evangelio”

Hermanos, el anunciado por los profetas, el que se encarnó por obra del Espíritu Santo, el que es transmitido por los apóstoles, ese es el Emmanuel, el Dios con nosotros, todo desde esa realidad, ha de cobrar un sentido nuevo. Porque si Dios está con nosotros ¿quién contra nosotros?

Les bendigo a todos…