33 Domingo Ordinario, por Mons. Cristóbal

XXXIII Domingo del Tiempo Ordinario

13 de Noviembre de 2016 – Ciclo C

+Cristóbal Ascencio García, Obispo de Apatzingán.

Todo el mensaje de Jesús está empapado de pensamiento escatológico, porque Él vivió y nos enseñó a vivir el tiempo dándole valor de eternidad, dejándonos una certeza: tras el último paso de cada día y de la historia de todos, tendrá lugar el encuentro trascendental y definitivo con Dios.

Hoy, penúltimo domingo del ciclo litúrgico, en el mensaje de la Palabra de Dios se intensifica la dimensión escatológica de la vida cristiana. Así, la primera Lectura lo hace en clave de juicio final, la segunda y el Evangelio, desde la fidelidad en el momento presente.

En el Evangelio (Lc 21,5-19), concluye la predicación de Jesús con el sermón escatológico que surge de los labios del Señor ante la pregunta: “Maestro, ¿Cuándo va a suceder esto y cuál será la señal de que ya está a punto de suceder?”. Jesús se explaya hablando no del cuándo y del cómo, sino habla de un “primero” (primeramente) caracterizado por calamidades naturales, catástrofes provocadas por los hombres, pero sin indicar una duración ni siquiera aproximada. Y también un “primero” que interesa específicamente a los discípulos, sometidos a persecuciones, traiciones, encarcelamientos, juicios de tribunales, odio, violencia (tampoco aquí se dan fechas de vencimiento): “Esto tiene que acontecer -dijo el Señor- pero todavía no es el fin”.  Jesús afirma que debemos recorrer ese lapso de “primero” no llevando en la mano un calendario, sino asidos a la perseverancia: “Si se mantienen firmes conseguirán la vida”. Antes del Día del Señor, están los días de los hombres, está el tiempo de la Iglesia. Podemos decir que nuestra riqueza es el presente, el tiempo de la conversión, porque el pasado ha quedado atrás y el futuro será un don de Dios. Como dice San Pablo en la segunda Lectura (2Tes 3,7-12), que tenemos que aprovechar el tiempo presente para trabajar y no ser una carga para los demás, hemos de esperar el Día del Señor, trabajando: “El que no quiera trabajar que no coma… vengo a saber que algunos de ustedes viven como holgazanes, sin hacer nada y además entrometiéndose en todo”. Todos a nivel familiar, eclesial y social, hemos de esforzarnos más por ayudar que por ser ayudados.

En la primera Lectura (Mal 3,19-20), Malaquías profeta, después de un severo examen de conciencia colectivo invita a dirigir la mirada hacia “el Día del Señor que ya viene, ardiente como un horno, y todos los soberbios y malvados serán como la paja”. El día que viene les consumirá hasta no dejarles ni raíz ni rama.

Hermanos: no señalemos determinadas categorías de personas, la soberbia y la maldad tienen también “rama y raíz” incluso dentro de nosotros. Hemos de atizar el horno ardiente para quemar como paja todo aquello que dentro de nosotros forma parte de un mundo decadente e inaceptable a los ojos de Dios.

Pero para los que “temen al Señor, brillará el sol de justicia, que les traerá la salvación en sus rayos”. Los que temen al Señor no son los que dicen: “!Señor, Señor!” sino como lo afirmó Jesús: “…Quien hace la voluntad de mi Padre”.

Hermanos: En el ahora de nuestra vida ¿Cómo estamos esperando el Día del Señor?

Les bendigo a todos…