XXVIII Domingo Ordinario. Mons. Cristóbal

XXVIII Domingo del Tiempo Ordinario

Ciclo C – 09 de Octubre de 2016

+Cristóbal Ascencio García, Obispo de Apatzingán

 

Además de conducirnos a transformar nuestra vida ¿A dónde más nos conduce la fe?

Naamán, (Primera Lectura) jefe del ejército de Siria, quien, enfermo de lepra, tuvo que bajar en busca de curación: del Rey al profeta, del profeta a su siervo, de los ríos maravillosos de Damasco al insignificante río Jordán, del deseo de grandes ritos mágicos y espectaculares a la simple acción de lavarse en el río. “Se bañó siete veces en el Jordán, como le había dicho Eliseo, el hombre de Dios, y su carne quedó limpia como la de un niño”.

En el corazón de Naamán aconteció una conversión a la gratitud; se presentó ante el hombre de Dios diciendo: “Ahora sé que no hay más Dios que el de Israel. Te pido que aceptes estos regalos de parte de tu siervo”. Quiere pagar al profeta por sus servicios, pero éste se niega, pues el don de Dios no se paga. Eliseo tiene muy claro que él no es el artífice de la curación; no se deja llevar por el agasajo y lo lleva a poner sus ojos y su corazón en el Señor. La fe aparece estrechamente unida a la gratitud.  Al escuchar al profeta que dice: “Juro ante el Señor, en cuya presencia estoy, que no aceptaré nada”. Naamán,  con un gran deseo de alabanza, de celebración, le pide poder llevarse una carga de Tierra Santa a su país para: “Construir un altar al Señor tu Dios, pues a ningún otro Dios volveré a ofrecer más sacrificios”.

En el Evangelio, a Jesús, de camino hacia Jerusalén, un grupo de diez leprosos a lo lejos le gritaron: “¡Jesús, Maestro, ten compasión de nosotros!” A los leprosos se les consideraba como muertos vivientes. Se les declaraba impuros y se les separaba de la comunidad. Debían caminar con las vestiduras desgarradas, ir desgreñados, cubrir su barba y gritar: ¡Impuro, impuro! La lepra, además, estaba relacionada con el pecado, se consideraba como un castigo de Dios. Jesús les pide un acto de confianza: “Vayan a presentarse a los sacerdotes”, tal como exigía la ley en esos casos, como si ya estuvieran purificados. Ellos obedecen y durante el camino “quedaron limpios de la lepra”. Uno de ellos al ver que estaba curado “vuelve alabando a Dios” a grandes gritos, era samaritano, extranjero, pagano. Se percibe que él no buscó sólo el milagro de Dios, sino al Dios de los milagros, y esto le permitió no sólo alcanzar la salud de su cuerpo, sino también la salvación. Jesús lo despide efectivamente diciendole: “Levántate y vete. Tu fe te ha salvado”.

Hermanos: Cristiano no es sólo el que pide y recibe gracias. Cristiano es, principalmente, el que da gracias. Por eso la Eucaristía, que es la acción más sagrada de culto cristiano-católico, significa literalmente “Acción de Gracias”.

Nuestra fe nos lleva a dar gracias a Dios en la oración y además a mostrar nuestra gratitud, “en la alegría de vivir”.

 Los bendigo a todos…