XXVII Domingo del Tiempo Ordinario, Mons. Cristóbal

XXVII Domingo del Tiempo Ordinario

Ciclo C  –  02 de Octubre de 2016

Mons. Cristóbal Ascencio García, Obispo de Apatzingán.

 “¿Hasta cuándo, Señor, pediré auxilio sin que me escuches y denunciaré a gritos la violencia que reina, sin que vengas a salvarme? ¿Porqué me dejas ver la injusticia y te quedas mirando la opresión? Ante mí no hay más que asaltos y violencias.”

Hago mío ese lamento del Profeta Habacuc (Hab 1,2-3;2,2-4) por la violencia, el dolor inocente y la injusticia que afligen a su país, un país sin ley y sin derecho. El Profeta levanta la voz para quejarse ante el Señor. Hace tiempo que le ha pedido auxilio y no encuentra respuesta. “¿Hasta cuándo? ¿Porqué?” Esas preguntas no son una expresión de falta de fe, sino son súplica ferviente para que Dios intervenga. La situación real está sellada por la violencia y Dios no lo salva de ella. Se abaten sobre el profeta un cúmulo de calamidades que lo sumen en una profunda tristeza. Pareciera que el Señor calla, pero sin embargo el Señor responde al Profeta: “Escribe la visión que te he manifestado… no fallará… si se tarda, espéralo, pues llegará sin falta. El malvado sucumbirá sin remedio; el justo, en cambio, vivirá por su fe.” Dios garantiza únicamente que existe un límite preciso a esa situación de injusticia y de violencia. Pero el “cuándo” lo conoce solamente Él. Dios escucha siempre. Esta es la seguridad que invade a quien cree. Hemos de esperar con la confianza de haber sido escuchados por Él.

El apóstol Pablo (2Tim 1,6-8.13-14) nos exhorta que reavivemos el don de Dios: “Porque el Señor no nos ha dado un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de moderación”.

Ante el compromiso que conlleva seguir al Maestro, ante las dificultades del camino, en el Evangelio (Lc 17,5-10), la invocación que le hacen los discípulos a Jesús: “Auméntanos la fe”,  resulta natural y comprensible.

Muchos cristianos confundimos tener fe con aceptar creencias.

Lo primero que le compete a la fe, según el Evangelio de San Lucas, no es aceptar conocimientos, sino comprometerse. Alguien tiene más y mejor fe cuando es capaz de comprometerse en la transformación de la propia vida y en la transformación del ambiente injusto y de violencia en el que vive, siempre con la conciencia de que: “No somos más que siervos; sólo hemos hecho lo que teníamos que hacer.” Termino esta reflexión preguntándote: ¿Qué tan grande es tu fe?

A todos les bendigo…