XXI Domingo Ordinario, Mons. Cristóbal

XXI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

21 de Agosto de 2016

+Cristóbal Ascencio García, Obispo de Apatzingán.

 

“Señor, ¿es verdad que son pocos los que se salvan?

Esta pregunta alguien se la hizo a Jesús porque seguramente en su largo camino hacia Jerusalén el núcleo de su predicación sería la salvación.

La pregunta no es porque interese en sí el número exacto de los salvados, sino más bien porque según fuese el número, los aspirantes pueden poner en ello más o menos interés; si el número es considerable todavía hay posibilidad y podemos intentarlo… Hay quienes creen saber el número exacto de los que serán salvados al interpretar literalmente el texto del Apocalipsis 7,4 que dice que serán 144000 los sellados. No tienen ellos en cuenta que este número tiene un valor puramente simbólico ya que el cuadrado de 12 es 12 por 12 es igual a 144, por 1000. Esto simboliza un sentido de plenitud, de multitud y así lo manifiesta el texto que sigue Apocalipsis 7,9: “Una inmensa multitud que nadie podía contar”. Si sólo fueran 144000, como algunos grupos lo afirman, ni ellos ni nosotros tendríamos ya nada que hacer, diríamos: “cerremos y vámonos, porque al ingreso del cielo debe haber un letrero que diga: completos”.

Pero la respuesta de Jesús es una respuesta que anima a intentarlo y que suprime ese cartel de “completos”, ya que dice: ¡Esfuércense! “Esfuércense en entrar por la puerta que es angosta”. Él equilibra la balanza con las dificultades: la puerta es angosta. Le interesa revelarnos no el número de los salvados, sino el modo de salvarnos.

La crítica de Jesús en la parábola que propone es muy dura contra los confiados: como un grupo de judíos que se sentían salvados por el solo hecho del cumplimiento estricto y ritual de la ley mosaica. Pero también hace referencia a los cristianos que dicen: “Hemos comido y bebido contigo”, haciendo una clara referencia a la Eucaristía. La enseñanza de Jesús es claramente moralizante: La práctica del bien debe ser la norma de quien está en camino hacia el Reino de Dios.

Contra los sectarios y exclusivistas, como algunos del pueblo de Dios, Jesús insiste en este Evangelio en la universalidad de la salvación: “Y vendrán muchos del oriente y del poniente, del norte y del sur, y participarán en el banquete del Reino de Dios, pues los que ahora son los últimos serán los primeros y los que ahora son los primeros serán los últimos”. Esto nos lleva a pensar que el Reino de Dios no deja excluidos.

Hermanos, después de la muerte y de la resurrección de Jesucristo por nuestra salvación, salvarse o condenarse no es privilegio de nadie, es cuestión de responsabilidad personal. Al contrario de la “puerta ancha”, signo de permisividad, la “puerta angosta” significa exigencia. Ser discípulos misioneros de Jesucristo no es compatible con una vida fácil egoísta y perezosa.

Te pregunto: ¿Por cuál puerta buscas entrar en el Reino de Dios?

Les bendigo a todos…