XIX Domingo Tiempo Ordinario

 

XIX DOMINGO ORDINARIO

07 Agosto 2016

+Cristóbal Ascencio García, Obispo de Apatzingán

 

¿Cómo es tu fe y tu esperanza?

La carta a los Hebreos (2da. Lectura: Heb 11,1-2.8-19) nos define la fe como la forma de poseer ya desde ahora lo que se espera. El tema de la esperanza se entrelaza con el de la fe.

Jesús, en el Evangelio (Lc 12,32-48), nos habla de las actitudes con las que hemos de ocupar este tiempo de larga espera: vigilando y preparados, y desde luego sin temores: “No temas, rebañito mío, porque tu Padre ha tenido a bien darte el Reino”.

El miedo cuando nos persiguen nos hace correr y no esperar, pero también podría paralizarnos y esto nos llevaría a perder este tiempo de esperanza, porque la esperanza cristiana implica ponerse en camino.

En las tres parábolas: la de los criados que esperan al señor, la de ladrón, la del administrador fiel y prudente, se nos exhorta a que vivamos todos en una espera vigilante, dinámica; es decir, el Señor trata de motivarnos para que no caigamos en un estilo de vida somnoliento, distraído, apagado, cansadamente repetitivo.

El retrato del creyente, bosquejado en la 1ª. Lectura, es el de quien apuesta sobre lo imposible, es el que habita en la inseguridad o mejor el que se siente asegurado por lo provisional.

Abraham, a quien hace tres domingos lo encontramos como intercesor por los ciudadanos de Sodoma, aquí es presentado como el que obedeciendo a una orden perentoria del amigo, emprende una peregrinación interminable. Nos sorprende cómo los patriarcas, depositarios de la fe en el Dios verdadero, han custodiado esta fe viajando, no viven en las ciudades, las habían abandonado y llevan una existencia nómada.

La fe no se encuentra segura en el palacio, la fe esta como en casa, en el campamento, bajo la tienda. Esta raza de creyentes con su peregrinación incesante transmite su mensaje fundamental: no tener aquí abajo morada permanente. Dios se convierte en su Dios sólo cuando dejan de pensar en volver hacia atrás para recuperar lo que han dejado y tienden hacia la ciudad preparada por Dios para ellos.

No se regresan, han decidido estar a la búsqueda de una patria. A la instalación, han preferido la espera que comporta continuas e incómodas salidas para viajes duros.

El Papa Francisco en su Exhortación Apostólica “El Gozo del Evangelio”, para animarnos en la espera bíblica del Señor, nos propone que seamos una Iglesia en salida: “Es vital que hoy la Iglesia salga a anunciar el Evangelio a todos, en todos los lugares, en todas las ocasiones, sin demoras, sin asco y sin miedo”.

Hermano, te pregunto: Tu fe ¿te lleva a vivir desinstalado para estar dispuesto a salir al encuentro del Señor llevando la alegría del Evangelio?

Les bendigo a todos…