XVI Domingo Tiempo Ordinario

XVI Domingo del Tiempo Ordinario

+Cristóbal Ascencio García, Obispo de Apatzingán

Faltando 4 meses para que termine el Año de la Misericordia, la Palabra de Dios hoy nos conduce a que vivamos esta obra de misericordia corporal: “Acoger al forastero”.

Escuchamos en la Primera Lectura la forma en que Abraham se apresura para acoger del mejor modo posible a los forasteros. La Tradición Rabínica identificó a los tres extranjeros con los arcángeles Miguel, Gabriel y Rafael, y los Padres de la Iglesia vieron en ellos una alusión al misterio de la Trinidad, dicen: “Vio a tres personas y adoró a una” diciendo: “Señor mío si he hallado gracia tus ojos, te ruego que no pases junto a mí sin detenerte”. Abraham al acoger a los extranjeros estaba acogiendo al mismo Dios.

En Cristo, Dios se ha hecho un peregrino en nuestra tierra. Hoy en el Evangelio lo encontramos de camino hacia Jerusalén, recibido por la hospitalidad de Martha y de María en Betania. Las dos hermanas son hospitalarias, pero de manera diferente: “María se sentó a los pies de Jesús y se puso a escuchar su palabra, Martha se afanaba en diferentes quehaceres”.

La respuesta de Jesús ante la queja de ésta: “Martha, Martha. Muchas cosas te preocupan siendo así que una sola es necesaria”,  no es para descalificar la acción y ensalzar la contemplación, sino para dar la primacía a la escucha de la Palabra de Dios que debe preceder, alimentar y sostener cualquier opción religiosa y humana.

Lo que le pasó a Martha es un error de perspectiva que la llevó a no ver la necesidad de sacrificar lo urgente por lo importante. María frente a Cristo elige “recibir”, Martha tomó el camino de “dar”. María se coloca en el plano del “ser”, Martha en el del “actuar”, ella se precipita en el “hacer”, pero no es el hacer el que se reprueba sino el hacer que no parte de la Palabra de Dios. Martha se limita a acoger a Jesús en “casa”, María lo acoge “dentro”, se hace recipiente suyo.

La oración es la hospitalidad para con Dios. Le escuchamos y le hablamos. Jesús nos mandó orar siempre.

Si Dios en Cristo se ha hecho peregrino, Cristo se ha hecho forastero en el migrante, en el marginado, en el preso, en el que está fuera de casa, e incluso en el que está en casa pero vive en la inseguridad y en el temor de “ser levantado”.

Hermanos, les invito a que nos dirijamos a Jesús, Él es el Buen Samaritano, y le digamos en oración: Señor Jesús, ayuda nuestra fragilidad, queremos hacer, como tú lo hacías, “de cada encuentro una meta”.

Les bendigo…