XIV Domingo Tiempo Ordinario

XIV Domingo del Tiempo Ordinario

+Cristóbal Ascencio García, Obispo de Apatzingán.

El domingo pasado la Palabra  de Dios nos hablaba de la vocación cristiana, hoy nos habla en torno a la misión, son dos realidades inseparables. La Vocación está en razón de la misión. La misión es de todos los creyentes por la vocación bautismal.

Las tres Lecturas hoy nos llevan a descubrir los dos POLOS DE REFERENCIA DEL APÓSTOL MISIONERO:

1.- PRIMER POLO: Por una parte, a un mundo desgarrado por las divisiones y el odio, el misionero lleva una palabra de paz y de alegría; a un pueblo que ha atravesado el túnel oscuro del exilio, que ha sufrido una prueba cruel, el profeta Isaías se hace portador no de amenazas, y de castigos, sino de lo que dice el Señor. “Yo haré correr la paz sobre ellos, como un río; como un hijo a quien su madre consuela, los consolaré yo”. Por tanto, el corazón debe abandonar la tristeza y el miedo, y dejar sitio a la alegría, ya que detrás de esta está nuestro Dios.

En el Evangelio, al enviar Jesús a los 72, no solo se nos muestra que la misión no es únicamente para los doce apóstoles, sino para la totalidad de la comunidad, y los destinatarios son las naciones paganas enumeradas en Génesis 10, que son la totalidad de los pueblos de la tierra. Jesús los envía de dos en dos no solo para que su testimonio tenga el valor jurídico que exigía la ley, sino también para que con su vida fraterna den testimonio de lo que anuncian.

Los tres compromisos que nos presenta san Lucas y que son como un retrato del misionero, son los siguientes.

  1. La oración. “Rueguen por tanto al Dueño de la mies que envíe trabajadores a sus campos”. Si el apóstol es fruto de la oración y no nace de una decisión autónoma, ha de encontrar también en la oración el estímulo, la fuerza y la orientación para su acción. La misión se apaga en el momento mismo en que se pierde la vinculación con la fe, y sabemos que la fecundidad del ministerio nace únicamente del contacto vivo y personal con Dios.
  2. La misión que está bajo el signo de la debilidad, de la mansedumbre, de una entrega sin reservas y sin pretensiones. “Los envío como ovejas en medio de lobos”. La única fuerza del apóstol es una palabra desarmada, que puede ser rechazada, burlada, resistida. También ante la hostilidad, el rechazo y la persecución recurre al testimonio valiente y sereno, pero no a la agresividad ni al chantaje del miedo. “Cuando entren a una casa digan: que la paz reine en esta casa”. La misión de Jesús y sus enviados es siempre de paz. Una palabra, un gesto, una mirada que llevan la paz, la paz al corazón de quienes los tratan. Si el enviado no está penetrado por el amor de Cristo, la misión se vuelve profesión, y el apostolado se convierte en conquista. Nuestra misión nunca debe ser agresiva sino siempre acogedora, comprensiva, curadora.
  3. La pobreza. “Jesús les dijo: no lleven dinero, ni morral, ni sandalias…” la fuerza del Evangelio nunca penetra por la abundancia y la potencia de los medios. Quien anuncia el Evangelio, nunca se deja guiar por el dinero, recibe lo que se le ofrece y da lo que tiene.
  4. SEGUNDO POLO: La Cruz de Cristo. Pablo, en la segunda Lectura, nos hace notar que el retrato del verdadero apóstol está recortado sobre el leño de la Cruz. Y la fecundidad de la Palabra está en que germine y crezca en el terreno árido del calvario.

La participación en el misterio pascual, evitara al apóstol tanto caer en una interpretación triunfalista de la propia misión como en el desánimo frente al fracaso. La cruz es fuente única de libertad y de paz, nos aparta de la atracción del mundo, es decir, de la vanidad, la presunción y la prepotencia.

Hermanos: desde nuestra fragilidad humana lleve el Señor adelante la misión que El nos encomienda a cada uno.

Los bendigo a todos.