XIII Domingo del Tiempo Ordinario

XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

26 de Junio de 2016

+Cristóbal Ascencio García, Obispo de Apatzingán.

Todos los bautizados hemos sido llamados a seguir a Jesús por caminos específicos: matrimonio, vida de soltero, sacerdote, vida consagrada.

En la primera lectura y el Evangelio descubrimos un motivo que subyace en toda vocación: la necesidad del desprendimiento, de la renuncia, del abandono de cosas y personas queridas.

Eliseo, abandonando todo, le dijo a Elías: “Déjame dar a mis padres el beso de despedida y te seguiré”. En el Evangelio, Jesús aparece siempre en camino, nos dice el texto: “Cuando se acercaba el tiempo en que tenía que salir de este mundo, Jesús tomó la firme determinación de emprender el viaje a Jerusalén”. Es un largo camino no sólo geográfico y espacial sino también espiritual y teológico, hacia el destino último del Mesías: la cruz y la gloria.

Para estar con Él hay que seguirlo, hay que caminar a su paso, con su ritmo; desde luego que seguir a Jesús no tiene nada que ver con ponerse en una hilera de gente que va detrás de Él, como si tan sólo se tratase de haber escogido un buen compañero de camino ¡desde luego que sí lo es!, pero seguirlo es adoptar su estilo de vida.

Las exigencias que Jesús pone a dos personas que querían seguirlo, más una a quien Él le dijo: “Sígueme”, pueden resumirse de la siguiente manera:

  1. Disponibilidad para vivir en la inseguridad: “Las zorras tienen madrigueras y los pájaros nidos, pero el Hijo del Hombre no tiene donde reclinar la cabeza”. No se pone el acento, en este texto, en la pobreza absoluta, ya que Jesús tenía una casa en Nazareth y en Betania siempre era bienvenido, sino que el acento se pone en la itinerancia, en el ser caminante. El discípulo, pues, no puede programar, organizar la propia vida según criterios de exigencias personales, de confort individual. El discípulo no se pertenece, ni siquiera puede disponer del tiempo a su gusto.
  1. Ruptura con el pasado “Deja que los muertos entierren a sus muertos”. Jesús no condena los funerales, pero hay que dar prioridad al anuncio del reino: “Tú ve a anunciar el reino de Dios”.
  1. Decisión irrevocable: “El que empuña el arado y mira hacia atrás no sirve para el Reino de Dios”. Nada de vacilaciones, ninguna concesión a las añoranzas. El compromiso es total, definitivo. La elección irrevocable. Se nutre de una promesa no de nostalgias, porque quién mira hacia atrás, hacia el trabajo ya hecho y no hacia delante, a lo que queda por hacer, no traza bien el surco que está abriendo, es decir, pierde el rumbo.

El discipulado que implica el seguimiento exige confiar en el Señor. Cuando se pierde la capacidad de arriesgarse confiando en el Señor, el discípulo se hace calculador e interesado.

Hermanos como discípulos llamados por el Maestro busquemos el Reino de Dios y su justicia, lo demás ya nos lo dará el Padre providente, porque ya sabe lo que necesitamos.

Los bendigo a todos…