10° Domingo Ordinario, Ciclo C

 

X DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

+Cristóbal Ascencio García, Obispo de Apatzingán.

El destino que Dios ha preparado para la humanidad es la vida.

La muerte es un hecho serio que nos interroga.

Las dos mujeres que aparecen este domingo en la Palabra de Dios lloran su dolor.  La viuda de Sarepta protesta contra Dios y su Profeta: “¿Has venido a mi casa para que recuerde yo mis pecados y se muera mi hijo?”.

En el Evangelio, la otra mujer, una viuda de Naím que en caravana de muerte es acompañada por gran muchedumbre a sepultar a su hijo único, a la salida del pueblo se encuentra con otra caravana, la de la vida, encabezada por Jesús a quién la gente sigue con fe, con alegría y Esperanza. El dolor, la angustia, la desesperación se presentan ante los ojos de Jesús y de sus acompañantes. Elías, el hombre de Dios, hace suya la angustia de la viuda que los hospedaba; Cristo hace suyo el dolor de la mujer de Naím.

En las dos escenas Dios se muestra como un Dios de amor, cercano a nuestra historia y sobre todo como un Dios de vida. La respuesta de Dios al misterio de nuestra debilidad y de nuestra muerte es la vida. El destino que nos ha preparado es la vida para siempre. Este es nuestro futuro, aunque no sepamos explicarnos cómo sucederá, ni podamos entender el misterio de la muerte, cuya seriedad no podemos rehuir.

Mientras el Profeta Elías se dirige a Dios como mediador: “Devuélvele la vida a este niño”. La Palabra de Jesús es diferente, porque al mismo tiempo que es humana: “No llores” (le dice a la mamá), es  también divina: “Joven, Yo te lo mando: levántate”.

Jesús ocupa el centro de esta historia de dolor, no solamente porque es el hombre de la compasión y del amor que sale al encuentro del sufrimiento y las angustias de las personas, sino sobre todo porque es la “visita” salvífica de Dios en medio de su pueblo: “Dios ha visitado a su pueblo”.

Con su postura frente al dolor y al llanto de una creatura, Jesús es la manifestación de la ternura materna del Padre. Jesús entrega a la madre el hijo que le había sido quitado. Da vida a una situación de no vida; da su gracia en una situación de desgracia, infunde esperanza en una situación de desesperanza.

Hermanos, nadie de nosotros está en condiciones de resucitar a un muerto, pero esto no nos exime de ser portadores de una mensaje de vida. ¡No tenemos como misión preparar el funeral de los vivos! No debemos mortificar la vida. No tenemos derecho a dedicarnos a prácticas que generen muerte.

¡Estaremos al servicio de la vida sólo si tenemos el gusto por esa misma vida!

Los bendigo a todos…jesus-resucita-a-hijo-de-viuda-de-naim