XXV Domingo del Tiempo Ordinario

REFLEXION DOMINICAL

Mons. Cristóbal Ascencio García, Obispo de Apatzingán.

El fragmento del Apóstol Santiago, en la Segunda Lectura, presenta un actualísimo e impresionante análisis psico-sociológico que trae a la luz la raíz de los males de este mundo: de las guerras, los pleitos, los desórdenes y toda clase de malas acciones. Dice: ¿De dónde vienen las luchas y los conflictos entre ustedes? ¿No es acaso, de las malas pasiones, que siempre están en guerra dentro de ustedes? Ustedes codician lo que no pueden tener y acaban asesinando. Ambicionan algo que no pueden alcanzar y entonces combaten y hacen la guerra”.

Para remediarlo, el Apóstol propone “la sabiduría que viene de Dios”, y aquellos que la poseen son sobretodo puros, amantes de la paz, comprensivos, dóciles, llenos de misericordia, son sinceros, siembran la paz y cosechan frutos de justicia.

En la página del Evangelio Jesús realiza el segundo anuncio profético sobre su pasión y una instrucción sobre el servicio. La actitud de Jesús contrasta fuertemente con la de los discípulos. Mientras Él se encamina hacia la humillación total, poniéndose sin violencia y sin venganza en manos de aquellos que lo van a traicionar, ellos en cambio discuten sobre primacías, sobre quién de ellos sería el más importante.

Una y otra vez, la figura de Jesús provoca escándalo sobre Él y sobre el Dios que revela: dice el Evangelio: “ellos no entendían aquellas palabras y tenían miedo pedir explicaciones”.

Pareciera que en el corazón humano hay un rechazo instintivo al sufrimiento y, sobre todo, un rechazo del concepto de un Dios sufriente; porque un Dios débil, para nosotros que somos débiles y necesitamos de ayuda y de consuelo, parecería como un Dios inútil.

Pero Jesús, hermanos, ha venido a iniciar el camino verdadero de la vida: el de ser servidor y esclavo. ¿A qué servicio nos llama Jesús? No nos pide ciertamente decisiones heroicas, ni que hagamos hechos espectaculares, sino tener la actitud de servicio cada día en la familia, en el trabajo, en relación con los parientes, con los amigos, con los vecinos.

Y servir es entender que no es mejor pasar por encima de los demás, que no es mejor disparar una palabra dura a alguien aunque se la merezca. Las actitudes de servicio son actitudes sabias, vienen de una sabiduría interior que aparece de manera delicada en las personas. Hay personas acogedoras, serviciales, que hacen agradable la convivencia.

Dice Jesús: “Si alguno quiere ser el primero, que sea el último y el servidor de todos”.

Les bendigo para que así sean ustedes…

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