LA LIBERTAD

Hablando sobre la libertad

Mons. Cristóbal Ascencio García, Obispo de Apatzingán.

A la libertad se opone la esclavitud. Y hoy, se dice: “la esclavitud fue algo del pasado por lo tanto ya no es tan actual hablar de la libertad puesto que no hay esclavitud”. Pero ¿será esto así?

La palabra libertad apenas viene pronunciada; se asocia instintivamente por ciertas personas a las acciones más reprobables  y así si una persona dice: “quiero ser libre” alguien piensa inmediatamente: este tiene intención de hacer algo malo. Existen equívocos en el uso del término “libertad” y el más frecuente es cuando se piensa que la “libertad” es “hacer lo que a uno le gusta”. Pero la libertad esencial, auténtica, antes que en la línea del hacer, hay que situarla en la línea del ser.

La libertad es la posibilidad de realizarse según la verdad de la propia persona, según la propia voluntad, según la trayectoria de la propia vocación. En este sentido, somos libres de hacer no todo lo que queremos, sino  todo lo que cabe en la línea de mi ser personal. En una visión cristiana, libertad es la posibilidad de hacer aquello a lo que Dios me llama, ser lo que se debe ser según el proyecto de Dios. Pensemos, ¿cuántas veces en cambio, nosotros sofocamos la libertad de los demás porque tenemos la pretensión de que los otros se realicen según el proyecto que nosotros llevamos en la cabeza?

En suma, la libertad es inseparable de la vocación personal, va unida a la orientación fundamental de la propia vida. Por eso es verdaderamente libre, no quien tiene la posibilidad de hacer lo que le parece, sino el que logra rechazar todo lo que le impide ser él mismo y logra elegir en cambio, lo que le ayuda a hacerse a sí mismo en plenitud. No nos sentimos libres cuando hay algo o alguien que nos impide ser nosotros mismos, que no nos permite ser aquello a lo que estamos llamados. Por consiguiente, no hagamos aquello a lo que nos arrastran nuestros instintos, sino hagamos aquello a que nos inclina la llamada personal que hemos recibido de Dios. Hagamos valientemente aquello a lo que nos sintamos llamados por nuestro Dios.

Por lo cual la libertad no es un gusto sino un compromiso concreto. El que ama la libertad ama un camino difícil. El que ama la libertad no ama la vida cómoda. Al contrario la vida se hace difícil. Y a esto hay que añadir que también los demás piensan en hacérsela difícil. Se percibe como una especie de crueldad general contra el hombre libre.

No olvidemos que es Cristo quien nos da la libertad, pues “para ser libres nos liberó Cristo” (Gal 5,1)