DOMINGO DE PENTECOSTES

DOMINGO DE PENTECOSTÉS

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Mons. Cristóbal Ascencio García, Obispo de Apatzingán

 Les saludo en el Domingo de Pentecostés, último día de la Pascua!

Cristo mantiene las promesas. Este día celebramos la venida del Espíritu Santo, que Cristo nos envía como lo había prometido.

El Espíritu Santo es el Consolador anunciado, el Abogado. Pentecostés significa reunificación de la humanidad.

El hombre que se separa de Dios por el pecado, elige la disgregación: así la idolatría, enemistades, contiendas, celos, rencores, rivalidades, partidismos, envidias disgregan a la comunidad porque están en la línea de Babel.

En cambio, el amor, la alegría, la paz, la comprensión, la paciencia, la servicialidad, la bondad, la mansedumbre, la amabilidad, la lealtad, la fidelidad, el dominio de sí, que son los frutos del Espíritu Santo, edifican la comunidad, le aseguran la cohesión y la solidez, porque están en la línea unificadora de Pentecostés.

El Espíritu Santo es el encanto de Dios y el amor que se expande.

Es Dios que alcanza al hombre ahí donde vive y actúa.

El Espíritu Santo es aquel que ilumina a aquellos que se han purificado de toda mancha.

Hermanos: ¡Quien se deja tocar por el Espíritu de Dios alcanza un cuerpo límpido y transparente; se hace plenamente espiritual y transmite a los demás su gracia.

Con el deseo de que permitan ustedes ser tocados cada día por Espíritu Santo, les bendigo en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Feliz Domingo de Pentecostés!