«Creo firmemente que Resucitó al tercer día»

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CREO FIRMEMENTE QUE RESUCITÓ AL TERCER DÍA

por Mons. Cristóbal Ascencio García, Obispo de Apatzingán.

 

La Resurrección de Jesús de Nazareth sin lugar a dudas es un acontecimiento que marcó, definitivamente, el nacimiento de una nueva fe, el Cristianismo.

Para no hacer de la Resurrección una palabra vacía hemos de tener en cuenta nuestro entorno presente. Y al hablar del entorno, más de alguno podría objetar ¿Cómo hablar de resurrección ante realidades como la muerte, la injusticia, la violencia y la opresión?

Pero es que la muerte de Jesús se dio precisamente en un entorno de injusticia, recordemos lo que Pedro decía a la comunidad naciente: “Ustedes lo crucificaron y le dieron muerte por medio de gente sin ley. Pero Dios, liberándolo de los rigores de la muerte lo resucitó”. (Hch 2,23-24).

Podemos entender que la Resurrección es un acto de justicia de parte de Dios frente a la vida de Jesús, y ante los que lo torturaron y asesinaron.

La vida nueva que le concede el Padre a su Hijo al resucitarlo, asume los signos de la injusticia que se le cometió: “Pon tu dedo aquí y mira mis manos. Acerca tu mano y métela en mi costado” (Jn 20,29). El Crucificado es ahora el Resucitado, es la misma persona de Jesús. Así su vida se muestra ahora como plena, total y definitiva. Esta plenitud no olvida la existencia terrena que vivió. El lleva los signos de la cruz. Sin embargo su justicia no consiste en condenar, castigar u olvidar. Su justicia radica en recrear la vida y otorgarle su forma definitiva en su gloria. Los asesinos de Jesús y de tantos otros, son ineficaces frente a la oferta infinita de bondad y vida del Padre.

Es la Resurrección de Cristo la que nos permite tener una esperanza distinta. Una esperanza que se basa en el poder de Dios contra toda injusticia que produce víctimas y contra toda dinámica de muerte y exclusión. La esperanza no ignora la realidad de la cruz, pues no es efímera ni evade la dureza de la realidad. No es una esperanza desencarnada. Cristianamente “es una esperanza contra toda esperanza”, como afirma Pablo. Cuando se nos anuncia que Jesús ha resucitado, y en Él también nosotros se nos está anticipando, en el presente, nuestra realidad futura, el triunfo de la vida sobre la muerte, donde los verdugos y opresores ya no tienen la última palabra. Proclamar que “el Señor realmente ha resucitado” (Lc 24,34) es vivir en la esperanza cierta de que la injusticia no triunfará. Que es posible vivir de otro modo, como Jesús nos enseñó, es decir, vivir humanamente en una historia donde la lógica del mal y de la violencia no sea lo dominante, sino que dominen el bien y la solidaridad.

Hemos sido liberados por su resurrección para nunca más volver a ser esclavos ni fomentar la esclavitud.

Vivamos nuestra fe, vivamos en la libertad de los hijos de Dios, que nos ganó Cristo con su Resurrección.

!Felices Pascuas de Resurrección!